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Sí. Hemos entendido bien. Es un vino blanco que nace de la uva monastrell, la reina (roja) de la Región de Murcia. ¿Vino blanco producido a partir de esta pequeña uva tinta con ADN rubisanguíneo tan particular, con una piel más gruesa y resistente que las murallas de Numancia? «Correcto». La sonrisa que exhiben José Luis Gómez y Laura Rojo al explicar el nuevo y revolucionario proyecto de Casa Rojo da cuenta de las grandes dosis de esfuerzo, innovación y cariño, mucho cariño, con las que nace -que sepamos -el primer vino blanco elaborado en la Región de Murcia -¿y en el mundo?- a partir de uva monastrell. La bodega del paraje de La Raja, en Jumilla, lleva cuatro años trabajando en este proyecto, con mucha prueba y error, hasta que por fin gritaron ¡eureka!
El resultado es tan sorprendente como refrescante para el sector. Son cuatro tipos de elaboraciones las que conforman la nueva gama de vinos que ha sacado al mercado Casa Rojo: Minami (nuevo comienzo, en japonés), que se compone también de un rosado, un tinto «delicado y elegante» y otro tinto más «poderoso y musculoso». Aunque, si uno hace arquear las cejas sobre los demás a primera vista, ese es Minami Natsu (nuevo comienzo en verano), que es todo un 'blanc de noirs', pero de nuestra murcianísima monastrell, una de las cuatro variedades que Laura Rojo y José Gómez plantaron aquí hace diez años además de garnacha, syrah y petit verdot. «Lo normal como enólogo es que, con estas parcelas, hagas vinos tintos. Cuatro monovarietales, o varios tintos mezclando diferentes variedades. Esto es lo que se hace en la mayoría de los proyectos. En nuestro caso, lo que hemos hecho es tratar la uva en diferentes momentos. Vinos que se producen en función de las decisiones que adoptamos sobre coger la uva antes -o después-, macerar la uva más o menos tiempo con la piel, y tenerla más o menos tiempo en barrica», explican Laura y José Luis, que siguen fieles a su estilo: «Wine is love». Y viceversa.
Y es así como surge el blanco de monastrell. «Con las decisiones humanas interviniendo en la viña, y no al revés como ha ocurrido siempre». Es decir, la monastrell -que generalmente se recolecta en el mes de septiembre-, se vendimia en Casa Rojo «a principios de agosto», en plena canícula murciana. La clave aquí es que la uva se vendimia un mes antes «para que la piel tenga poco color», revela José Luis Gómez. Con el rosado -de nombre Haru, elaborado por el método de sangrado, a partir de las cuatro variedades de la finca-, el fruto se coge a finales de agosto para que la piel ya aporte cierto color a la uva, y con los tintos se sigue 'jugando' con el tiempo y la fecha idónea de recolección para llegar incluso hasta el momento en que la uva está casi pasificada para sacar los matices deseados.
El 'blanc de noirs' de uva monastrell es un concepto tan innovador que no estaba ni contemplado en el pliego de condiciones de la Consejería de Agricultura. «No sé si habrá otra bodega murciana que haga vino blanco de uvas tintas, pero tuvimos que hacer la consulta y no estaba recogido en ese pliego, aunque nos dieron el visto bueno», explica Laura. Hasta el secretario general de la consejería, Francisco José González, se acercó junto a una comitiva del departamento de Sara Rubira al expositor de Casa Rojo en la reciente feria de vinos en Düsseldorf, en Alemania, para probar ese nuevo vino blanco elaborado a partir de monastrell, «porque tenían mucha curiosidad». No es para menos. Además, que el meticuloso trabajo para obtener este vino blanco no se ciñe a la vendimia.
«La gestión del viñedo es fundamental», subraya la pareja. En este caso, se aumenta el número de racimos por cepa para conseguir que la piel de las uvas sea lo más gruesa posible, reduciendo así la producción de antocianos, esos pigmentos naturales presentes en la piel que otorgan color al vino. «Para ello, realizamos desnietados en primavera y una poda en verde muy selectiva, evitando el apelotonamiento de los racimos», explican.
Pero hay mucho más. «En bodega, la uva se introduce en cámaras frigoríficas durante 48 horas a una temperatura de -1°C, enfriándola al máximo sin llegar a congelar el mosto». Este proceso también es «clave» para «evitar la extracción de color durante el prensado». Además, ese prensado se realiza directamente de la uva entera sin despalillar, aplicando una «presión justa para extraer solo el mosto del interior de la uva» y dejar fuera los pigmentos de las pieles. «Cuando detectamos que empieza a salir color, detenemos el prensado». El mosto obtenido se encuba en depósitos troncocónicos invertidos, donde fermenta a baja temperatura con levaduras seleccionadas específicamente para este proceso. La fermentación dura unos 25 días, con control constante de temperatura y densidad. Después, el vino realiza una crianza sobre lías durante cuatro meses, «lo que aporta volumen en boca y mayor complejidad aromática». El vino, al fin y al cabo, está buenísimo. Y además es muy murciano. «Si cierras los ojos parece que te estás bebiendo un tinto de monastrell. Pero es un blanco», puntualiza José Luis Gómez. Este 'blanc de noirs' se podría hacer también con las otras variedades de la finca, «pero sería más complicado porque la garnacha, la syrah y la petit verdot no están listas en agosto y sus pieles ceden más antocianos que la monastrell», ilustran. De hecho, Minami Natsu lleva una pequeña proporción de las cuatro variedades tintas que sí se pueden aprovechar para el proceso, aunque la predominante (al 85%) es la monastrell.
«Siempre se ha dicho que la base para hacer un buen vino es una buena uva, pero aquí se demuestra que las decisiones del ser humano, la evolución y la implicación del bodeguero en el viñedo son muy importantes», explica Laura Rojo. «Nosotros no heredamos un viñedo de nuestros abuelos. Nuestros viñedos no tienen 150 años, pero también podemos contar nuestra historia con un viñedo de 10 años y hacer cosas chulas», zanja José Luis Gómez.
Todo este proceso, que conlleva «una inversión muy importante» -además de «restar muchas uvas a otros vinos como Macho Man, del que tenemos vendidas las 100.000 botellas todos los años»-, nace también como respuesta a una «necesidad comercial, a una demanda del mercado», aclara la pareja. Y es que «está aumentando el consumo de vinos blancos», que se codean en el aperitivo con un vermú, con una cerveza o con un Aperol Spritz. Y este Minami Natsu quiere estar presente en la batalla. Porque, claro, un blanco de monastrell en el reino de la monastrell es tomar por asalto el carro de las tendencias del sector al ligar el calor de Murcia con el consumo de su uva predilecta, pero en su versión más fresca. De momento, de esta primera añada han salido alrededor de 9.000 botellas, lo que ha costado «una fortuna». A partir de la botella 9.000, ya salía vino rosado y había que parar. ¿El siguiente paso es probar con los espumosos 'made in monastrell'? «Es algo que estamos valorando y que estamos dispuestos a hacer», sueltan prenda. «El potencial de la monastrell es tremendo y no solo para la elaboración de vinos tintos. Si en el futuro podemos hacer también un vermú o una ginebra con esta uva que da de comer a tantos agricultores de la zona, para nosotros supondrá una satisfacción enorme», desliza Gómez.
-Casa Rojo tiene casi una treintena de referencias, pero no debe de ser fácil competir con este blanco en un mercado ya de por sí complicado, y donde el consumidor está acostumbrado a otras 'reinas' como la sauvignon blanc, la verdejo, la godello...
-Nosotros queremos luchar por Murcia. Todo empieza por querer defender lo tuyo, por darle valor a lo que tú tienes. Se lo hemos dicho a nuestros clientes, que podrían haber sido conservadores y seguir con su godello, con su verdejo... No meterse en camisas de once varas. Pero a todos les ha encantado 'Ponme diez cajas, veinte cajas'... Ha sido una apuesta, y nos ha salido bien. Aunque en los próximos años nos saldrá un vino aún mejor.
Además, y como suele ser habitual en esta bodega, que llevó la imagen de los vinos de Jumilla a otro nivel con sus atrevidas etiquetas, el diseño de la nueva gama Minami también tiene mucho de revolucionario. La fuerte inversión realizada durante cuatro años para obtener este 'blanc de noirs' se ha compensado, en cierta forma, con lo poco que Laura y José Luis han tenido que pagar al nuevo encargado de los diseños sencillos pero elegantes de las etiquetas, basadas en un trazo redondo de pintura de diferentes colores. Y el autor no es otro que su hijo Tokyo, concebido hace tres años en la capital de Japón, precisamente el lugar donde la pareja se conoció hace ya varios lustros. La cuadratura del círculo.
De camino a la bodega, donde los toneles hacen su parte del trabajo, atravesamos una estancia repleta de premios y condecoraciones que ya se ha quedado pequeña para seguir acogiendo medallas y reconocimientos.
Ahora, el prestigio de Casa Rojo y el concepto 'Minami' también se ha trasladado a Valladolid, a Ribera del Duero, con un «nuevo comienzo» que incluye una nueva bodega propia en Curiel de Duero, en plena comarca del Campo de Peñafiel y junto a gigantes del sector como Emilio Moro, Pesquera, Legaris y Pago de Carraovejas, entre otras. La bodega construida por Casa Rojo fue inaugurada en diciembre con nuevas plantaciones de albillo mayor y tempranillo, uvas autóctonas de la zona.
Allí también influyen el clima, la altitud, la experiencia del hombre y el suelo, que son los cuatro grandes factores que determinan la calidad de un vino. Pero en Curiel de Duero, por ejemplo, no existe la variedad de suelos que ofrece el Altiplano murciano, con hasta siete tipos distintos de rocas y arcillas que permiten obtener uvas de la misma variedad con matices muy diversos. «Esta orografría, con estas ramblas, es resultado de las escorrentías por grandes lluvias hacia el Segura. Diferentes sedimentaciones y erosiones han producido suelos muy diversos, lo que afecta directamente a la elaboración de un blanco. Nosotros lo hacemos a partir de los suelos arcillosos», explica José Luis Gómez, que también indice en las ventajas de «programar y organizar mejor las vendimias y las cuadrillas de corte de la uva desde primeros de agosto a finales de septiembre».
Y todo ello dentro de la «novedosa» Indicación Geográfica Protegida (IGP) Murcia, subraya Gómez. Una IGP que ampara ya a más de una decena de la Región más allá de Jumilla, Bullas o Yecla. Gómez señala cómo la palabra 'Murcia' destaca en la etiqueta de sus nuevos vinos. «Esto es hacer marca», defiende el bodeguero, que recuerda la última experiencia que tuvo en Alemania en este sentido: «Llegaban nuestros clientes y veían Jumilla, Bullas y Yecla detrás de nuestro expositor, donde ponía claramente 'Murcia'. Y nos preguntaban por qué lo hacíamos tan fácil con una sola palabra y por qué los demás se dividían en tres nombres, creando cierta confusión. Y yo les respondía que esa misma pregunta se la iba a trasladar a la Consejería. No digo que queramos ser independientes, pero es que nunca vamos a llegar a ninguna parte si no llevamos el nombre de Murcia por delante. Si nos uniésemos todos bajo la IGP Murcia, sería la hostia». Aunque esa es otra historia.
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